domingo, 25 de enero de 2009

Giorgio de Chirico e il museo...


Giorgio de Chirico e il museo...
En 1974 Giorgio de Chirico (1888 - 1978) fue elegido Académico de Francia. En su discurso de aceptación del uniforme verde y del bicornio, el Pictor Optimus declaraba que “Ser atrevidos cuando tu pasado puede salir comprometido es la señal más grande de fuerza”. El genio de Volos moriría pocos años después y su declaración tiene valor de epígrafe que sella su aventura creativa. Según Maurizio Fagiolo dell’Arco, uno de los máximos cultores de la obra de este maestro, Giorgio de Chirico fue el último individualista del arte del siglo XX. El gran Metafísico consiguió demostrar que el artista puede, y debe, seguir el hilo de Ariadna de su mente, incomprensible para los demás. Puede pintar la acrópolis de Atenas y los caballos en la orilla del mar de Tesalia, los arqueólogos y las plazas como cuadrantes de un reloj de sol, los maniquíes y las estatuas griegas, los interiores abarrotados de objetos y los infinitos espacios desiertos, los hombres y su sombra, el viandante y su fantasma. Puede explorar el Renacimiento y el barroco; puede estudiar a los flamencos y a Miguel Ángel; y puede volver a su antigua pintura. Y durante décadas, nadie – ni pintores, ni críticos, ni público – han dejado de sorprenderse ante esta inquietante ubicuidad, aunque poco después no dejaran de estigmatizarla.Reconocido como Profeta de lo Moderno por sus cuadros de enigmas y de melancolías, en los años veinte de Chirico se aleja de las vanguardias y del enfoque metafísico, retoma el camino de la tradición y se coloca en el rol del Pictor classicus. Cultor de la pintura antigua en la que redescubre “esa sensación de vibración y de vida interior de la materia pictórica que confiere belleza y atractivo al cuadro” de Chirico se vuelve enemigo acérrimo del modernismo e inicia un recorrido por los museos para copiar obras de Miguel Ángel, Rafael, Tiziano y Reni. Un retorno al orden que compartió con otros maestros del siglo XX como Renoir, Picasso y Derain, pero que nunca le fue perdonado al padre de la pintura metafísica. Su producción posterior fue pasada por alto o ignorada y sus obras maestras metafísicas, presentadas con otra piel, fueron objeto de mofa y tachadas de ser el fruto de una evidente falta de inspiración.Treinta años después de su muerte, la compleja trayectoria artística del Pictor Optimus ha sido reconstruida en la exposición “de Chirico y el museo” de la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma, donde desfilan casi todas las obras inéditas que el maestro guardaba en su taller de Piazza di Spagna. La muestra, realizada en colaboración con la Fundación Giorgio e Isa de Chirico, reúne unas cien obras entre cuadros y dibujos, que documentan la relación entre el pintor y el arte del pasado en un recorrido articulado en seis etapas. La primera es la sección “Mitología y arqueología” con obras sobre la mitología clásica. En la sección siguiente – “Los d’après de los grandes maestros” – desfilan las copias de las obras de Rafael (“La Embarazada”) y de Miguel Ángel (un “Tondo Doni” que de Chirico empezó poco antes de morir y que dejó inacabado), y luego la copia de una “Lucrecia” de Durer, un “Baco” de Guido Reni, una “Cabeza”, copia de Tiziano, un anciano de Fragonard y los caballos de Van Dyck y Delacroix.La sección dedicada a “La gran pintura” documenta a un de Chirico que estudió las técnicas pictóricas de los maestros del pasado. El juego del artista se vuelve más sutil, en una trama de citas y referencias: una Angélica suya imita a la Andrómeda de Velázquez; el retrato de Isa, su mujer, evoca a la Madame Leblanc de Ingres; la pose de una mujer en bañador remite al lánguido trasero de la Venus de Velázquez; un enorme Capricho veneciano de 1951, nunca expuesto en Roma, parece emular en caricatura los grandes lienzos de Veronés. Su pasión por el color lleva a de Chirico a acercarse a los flamencos y a Rubens, modelo de estudio y de inspiración, como se puede apreciar en la sección "Da Rubens" (copiado de Rubens), que reúne por primera vez todos los cuadros inspirados en el maestro barroco. De su reinterpretación de los estilos de los maestros de la tradición, en los años 60 y 70, de Chirico pasa a la sistemática reinterpretación de sí mismo, al abrir esa fase de su pintura denominada "neometafísica": de Chirico vuelve a los centauros y a los arqueólogos, a los maniquíes y a las musas inquietantes con resultados que anticipan cierto gusto postmoderno. Y puesto que el oficio de pintor no puede prescindir del dibujo, "arte divino, base de toda construcción plástica, esqueleto de toda obra buena", la exposición finaliza con las obras en papel de de Chirico: los estudios y los bosquejos, también éstos inspirados en lo antiguo o en los grandes maestros, entre los que destacan las doce ilustraciones de la farsa "Siepe a Nord Ovest" de Bontempelli, publicado en 1922 en la revista de los "Valores Plásticos"...
management artístico:

No hay comentarios:

Publicar un comentario